El amor no es un candado
Para explicar el origen de la moda de los candados del amor existen varias teorías acerca. Algunos la atribuyen al libro del año 2006 Ho Voglia Di Te (Yo Te Quiero), del autor italiano Federico Moccia. Un año después del libro, la costumbre estaba tan extendida que el alcalde de Roma introdujo multas contra cualquiera que deje un candado en los puestos de luces del Ponte Milvio, sobre el río Tíber.
El ritual amoroso
Todo ritual amoroso contemporáneo necesita un soporte material que lo certifique, sin él, el sentimiento parece no bastarse a sí mismo. En este sentido, el candado sobre el puente es exactamente eso, porque no protege una relación, la representa. Es simulacro en el sentido baudrillardiano, un signo que ha sustituido por completo a la cosa que designa, reproducido en miles de puentes del mundo a partir de una escena de novela, sin memoria del original ni relación necesaria con quienes lo cuelgan. Byung-Chul Han, en La agonía del Eros, diagnostica precisamente esta desaparición del otro como condición del amor contemporáneo: sustituimos la alteridad —lo que implica riesgo, pérdida, negatividad— por una economía narcisista de lo idéntico, donde el amor se convierte en performance de sí mismo antes que en relación con el otro.
El símbolo
Unromantic Freedom nace de una acción muy concreta: cortar, uno a uno, candados reales de un puente. Un gesto de sustracción que invierte la lógica del ritual, ya que donde antes se añadía un objeto para fijar una promesa, ahora se retira para liberar el espacio de esa obligación simbólica. Los candados, reunidos y recompuestos, se instalan con forman un corazón: la forma más universal y más gastada del amor romántico, construida ahora con los restos cortados de cientos de promesas ajenas, muchas de ellas ya rotas, olvidadas, o simplemente indiferentes a quien las hizo.
El gesto obligatorio
Vistos de cerca, los candados conservan sus inscripciones: nombres propios, fechas, corazones dibujados a mano o algún candado en forma de corazón. Esta es la parte más íntima e incómoda de la pieza poque cada uno fue, en su momento, un acto sincero. La obra no se burla de esa sinceridad individual, sino del sistema que la convirtió en gesto obligatorio, en checklist turístico del amor romántico. La acción de cortarlos no trata de destruir el sentimiento, sino que destruye el soporte normativo que lo exigía en esa forma y no en otra. La pieza consta de un vídeo de la acción de cortar los candados y la instalación de los candados.





